liderazo 3

El liderazgo adaptativo, la ventaja competitiva para la pyme del siglo XXI

Para compartir...Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Por Juan Torner, Director de Análisis de TACTIO

El concepto de liderazgo es, en sí mismo, controvertido. La prueba es que diferentes expertos en la materia han expresado a lo largo del tiempo multitud de opiniones y afirmaciones que, en ocasiones, se contradicen entre sí. sólo en estados unidos se han publicado más de 5.000 libros con la palabra líder en el título. y si buscamos en google la combinación de palabras liderazgo empresarial, obtendremos más de 7 millones de resultados.

 

Al margen del liderazgo político, religioso o de otras actividades humanas, si nos centramos en el de tipo empresarial detectamos unas premisas básicas:

  • Las empresas, por pequeñas que sean, están formadas por personas.
  • Las personas precisan ser dirigidas.
  • Dirigir personas de manera efectiva requiere en ocasiones de un líder.

Un directivo no es un líder

Podemos decir que el liderazgo es una cualidad del directivo. Es decir, se puede ser directivo, incluso un buen directivo, y no ser un líder. Para ser un líder no es necesario ser el director general o el consejero delegado: se puede ser un líder dirigiendo un pequeño departamento o área de cualquier empresa.

Un líder no acepta objetivos impuestos por otros, ya sea un superior jerárquico o el consejo de administración. El líder va más allá, es más ambicioso, tiene una visión propia y diferente de lo que se puede conseguir, determina los objetivos, o bien los amplía o los modifica en algún sentido y es capaz de convencer a todos de que vale la pena intentarlo. El directivo que tiene éxito en alcanzar los objetivos impuestos no es un líder, es un buen directivo.

Un líder no da por buenos los procedimientos y estándares establecidos: rompe, se salta o cambia las normas y procedimientos para que le ayuden a conseguir lo que se propone. Un directivo que cumple con los procedimientos establecidos por sus superiores es simplemente un buen gestor.

 

Liderar es también tratar a las personas como lo que pueden llegar a ser, no como lo que son. Además, el líder sabe que la empresa llegará hasta donde la lleven las personas que en ella trabajan. Por ello, llevará a las personas hasta su máximo nivel de implicación y productividad: las ilusionará, dará sentido e importancia a su trabajo y las hará partícipes de los éxitos. Un directivo que trate a las personas de cualquier otra manera será, en el mejor de los casos, un buen encargado.

Respecto a las funciones dentro de la empresa, el líder se ocupa de lo más importante y siempre asume la responsabilidad directa sobre el núcleo del negocio. En una empresa esa responsabilidad será la gestión de los clientes más importantes, en otra será la gestión del área de I+D y en otra, la gestión financiera. En cualquier caso, la persona con dotes de liderazgo no delega la función más crítica de la empresa.

LA PERSONA CON DOTES DE LIDERAZGO ES CAPAZ DE CONVENCER DE QUE VALE LA PENA INTENTAR UN OBJETIVO CONCRETO

Asimismo, correr riesgos forma parte de la idiosincrasia del liderazgo y no hay forma de evitarlo. Un líder toma decisiones y, por lo tanto, corre el riesgo de fracasar. El directivo que no toma decisiones por miedo al fracaso, o que toma decisiones parametrizadas, no lidera. Como mucho, si las cosas van bien, se le puede considerar un buen empleado.

El líder no siempre tiene éxito, pero no por ello deja de tener esta cualidad. Todos conocemos el caso más famoso en este sentido: Steve Jobs, fundador de Apple. Jobs fue despedido de su propia empresa y con razón: la había llevado al borde de la quiebra. Después, se incorporó de nuevo –quizá le fue bien el despido– y la lideró hasta convertirla en una de las compañías más exitosas del mundo.

Nace o se hace

Los que somos padres/madres de más de un hijo, hemos podido comprobar que cada uno nace con una impronta genética, un carácter que define la personalidad. Algunas de las características de ese carácter innato les permiten a determinadas personas ejercer de líderes con menos esfuerzo. Pero, en mi opinión, sin duda un líder se hace.

En un mundo de continuos y drásticos cambios, en el que debemos adaptarnos rápidamente a todo tipo de situaciones competitivas, sociales y geográficas, adquirir las cualidades de un líder es una cuestión de aprender técnicas y obtener cuantas más experiencias mejor.

Después está la cuestión de la mínima oportunidad. Conozco muchas personas que harían las cosas diferentes, o que se marcarían objetivos distintos en las empresas en las que trabajan y disponen de las cualidades para liderar. Pero, por unas u otras razones, no llegan a disponer de la oportunidad de ponerlas en práctica. Algunos de estos profesionales son los que acaban superando todos los impedimentos y crean sus propias empresas.

Qué tipo de líder es necesario

Podría deducirse que en toda empresa es conveniente, e incluso necesario, la figura del directivo con las cualidades de líder. Aunque, en mi opinión, no es así. La función de liderazgo está estrechamente relacionada con las personas. En algunas empresas o departamentos muy sistematizados o robotizados, lo mejor será un buen gestor o encargado. Los robots no se lideran, se programan. En general, para las tareas realizadas por máquinas –o en las que las personas hacen un trabajo que algún día podrían hacer máquinas (cadenas de producción o similares)–, un liderazgo fuerte es mucho menos necesario.

En las diferentes etapas de la vida de una empresa es muy posible que nos encontremos en situaciones en las que lo mejor es un buen directivo, en lugar de un líder carismático. Esto nos lleva a la cuestión del liderazgo adaptativo, una característica más que debería estar presente en un buen líder. Consiste en saber adaptarse a las necesidades concretas y específicas de cada etapa por la que pasa la empresa. Porque un líder eficaz adaptará su estilo, reforzando algunos aspectos y suavizando otros, en función del equipo humano a liderar, su formación, experiencia, implicación, etc. y de la situación concreta en la que se encuentra la empresa.

Así, no existe un tipo de liderazgo único e ideal para cualquier situación empresarial. Un líder eficaz sabrá reconocer la realidad y se adaptará a ella. Puede haber tenido un rotundo éxito en una empresa y fracasar en otra, algo que seguramente será debido a su incapacidad para ser flexible y adaptarse.

Por otro lado, entre ser un líder y no serlo hay grados. Algunas personas disponen de todas las cualidades para ser un líder eficaz, otras sólo disponen de algunos de estos aspectos. Esto implicará un estilo de liderazgo diferente en cada caso. De esta manera, el riesgo de fracaso será mucho más alto si el líder impone sus propias limitaciones.

En definitiva, ser un buen líder implica saber adónde se quiere llegar, ocuparse de aquello que es importante para poder tomar decisiones, liderar equipos a través del trato humano y, finalmente, si se carece de la oportunidad, ser valiente para crearla.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *